BILLETES QUE SON NUEVAS LEYENDAS DEL “REALISMO MÁGICO".


Por Néstor Raúl Osorio, Arrecife, Lanzarote (Islas Canarias, España).19/11/2016. A propósito de los recientes homenajes que el Estado Colombiano rindió al escritor Gabriel García Márquez, hemos descubierto que además de los billetes de 50 mil pesos, existen otras dos versiones por valor de “100 (así, a secas)”.
Esta vez, no son diseños del Banco de La República, sino de quien fuera durante casi 35 años su diseñador gráfico de cabecera: El artista gráfico bogotano Hernando Vergara Amaya.
Hace apenas unos días, recibí, a la vieja usanza, es decir, por correo postal, un sobre de regalo en mi residencia de Lanzarote (Islas Canarias, España) donde resido desde hace 25 años, y, tal vez, uno de los pocos lugares exóticos del mundo donde nunca estuvo el escritor Premio Nobel de Literatura 1982. De su obra literaria, en cambio, si que se habla por estos lugares como en cualquier otro lugar del mundo.
El contenido del sobre consistía en dos facsímiles de billetes de “100” (sic) en los que aparece en uno, la efigie de un Gabo maduro y sonriente, junto a un tren impulsado a carbón, y humeante (de esos que ya no existen en Colombia).
En el segundo ejemplar, con el mismo rostro del escritor pero acompañado esta vez por dibujo de un barco de molino como los que daban vida en sus mejores tiempos, con su trajinar y el sonar de su bocina, al río más grande del país: El Magdalena. El mismo cause que tiene un gran valor protagonista en sus novelas y que lo transportó tantas veces, siendo un adolescente, desde el Caribe al pueblo gélido de Zipaquirá, en el corazón del país.
Dada su apariencia y colorido, no sería de extrañar que alguien tuviera la tentación de atribuirlos a Warhol, a Hamilton o a Lichtenstin... pues los facsímiles de Vergara literalmente destilan Pop Art por toda su geografía... El Arte Pop es ese estilo en el que Hernando Vergara (ilustrador de las portadas de Gabo, Ediciones Oveja Negra) brilla con luz propia desde hace más de tres décadas. Es considerado, hoy por hoy, uno de sus más acreditados exponentes contemporáneos.
El envío postal del maestro Vergara me produjo mucha satisfacción valga la verdad, no solo por venir de tan ilustre remitente, sino por la satisfacción misma de conocer la nueva “plata” de mi país de origen. A España, por ahora, no se han traido.
--“Por fin conozco los benditos billetes de Gabo”-- pensé equivocadamente al tener los dos ejemplares en las manos. Lo hice sin demasiado prestarles mucha atención. Sin detenimiento y engañado por las ganas que me invadieron desde el comento de conocer su puesta en circulación (en agosto pasado), pensando, tal vez, en su homónimo de 50.000 pesos del Gobierno colombiano. Homenaje que hizo extensivo a otras de sus glorias como el poeta Jorge Isaac, y, a algunos ex-presidentes y lugares emblemáticos, a quienes asignó sendos ejemplares de diferentes denominaciones.
Unos segundos después de manosearlos, y de cotejarlos con la versión oficial que encontré en Internet (que todo lo sabe), caí en la cuenta de que los ejemplares que acababan de aterrizar en mis manos, no tenían nada qué ver con el original del banco emisor:
Sus colores, valga la verdad, diferían enormemente unos de los otros. Mientras que el Banco de la República está diseñado en tonos que van desde azules pálidos a violetas claros, según se aprecia en Internet, los del artista bogotano son presentados en fondos azules cielo y verde degradado, respectivamente, pero, lo suficientemente luminosos para distinguir su origen y la identidad de su autor.
– ¡Pop Art en su estado puro! (Exclamé). No podían ser de otra persona que de Hernando Vergara, cuya obra me precio de conocer desde hace unos 35 años, cuando diseño (por concurso, valga la aclaración)  de la portada de “Crónica de un muerte anunciada” que ilustra magistralmente la muerte de Santiago Nasar, tendido de forma miserable en el suelo, debajo de una sábana blanca, manchada con la sangre de la virginidad perdida de su supuesta amante,  y con un pie descalzo, a la vista de todos.
Otra cosa que llamó especialmente mi atención, y eso si que marca las diferencias, con el del Gobierno Colombiano es su valor nominativo de los billetes en cuestión:
Mientras que los ejemplares del Estado resaltan el valor: “50 mil (sic) pesos ”, Vergara lo hace en los suyos con un número redondo, simple pero elocuente: “100” (sin más), cifra redonda puesta en diagonal, en dos de sus esquinas.
En el billete de 50 mil pesos se retrata a Gabo dos veces: En el centro, de píe, vestido con el liquiliqui que lució el escritor aquel 10 de diciembre en la Sala de Conciertos de Estocolmo, donde el Rey Gustavo de Suecia le hizo entrega de los distintivos Nobel (un diploma, un cheque por casi un millón de euros y la medalla de oro ilustrada con la imagen de Alfred Nobel, grabada). En otra imagen, inscrita al costado derecho, junto al torso de Gabo (más serio, con cejas pobladas y trazadas en rectángulo), aparece también, a la izquierda, un colibrí “picorto” que sobrevuela una flor color verde esmeralda como su mismo plumaje.
!NO ES UN BILLETE, ES UN CUADRO, ES UNA PINTURA!
No tardé mucho en descifrar que las que llegaron en el sobre, eran, en efecto, réplicas de las obras memorables del artista. Ubiqué telefónicamente a Vergara que estaba por estos días (última semana de octubre) en New York. Agradecí los obsequios, sin dejar de preguntarle cosas como:
-- Pregunto (Néstor Raúl Osorio, E-NERO). Maestro, son los suyos, billetes alternativos o piezas comparativas al billete impreso de la Thomas de La Rue para el Gobierno colombiano?
-- Hernando Vergara H.V.A. (Risas) Pues no, mi querido amigo, siento decirte, que no es así. Nada qué ver el uno con el otro. El del Banco de la República si es un billete de verdad, los míos, no. Los míos son obras que he diseñado como homenaje a Gabo y que expondré próxima e inicialmente en la Biblioteca GGM del barrio El Tunal, de Bogotá. Son remembranzas de “Cien años de soledad” y “El amor en los tiempos del cólera”, por ejemplo. Son cuadros, pinturas, como cualquiera otra de mi trabajo, acrílicos sobre lienzos. Las que te he enviado son, según mis asesores, cosas de marketing... Mi billetes, como tú te empeñas en denominar, son, ciertamente homenajes a Gabo y a sus obras. Son el producto de viejas ideas, no de ahora, como se empeñan algunos en afirmar. Son diseños del 2007.
-- E-NERO. ¿Acaso quiso significar que sus billetes (insisto en llamarlos así) son más bellos y realistas que los del del Banco de la República?
-- H.V.A. No. No se trata de cuál es más artístico, más hermosos o más ajustados a la personalidad de Gabo... Lo que yo quiero decirte es que los míos son más realista, porque son mi visión personal del Gabo que conocí y el Gabo con el que trabajé durante tanto tiempo.
(Vergara, a propósito, es el autor de las portadas de las ediciones para Sur América de la Editorial Oveja Negra: “Cuando era feliz e indocumentado”, “Cien años de soledad”, “Entre Cachacos I y II”, “Historia de un secuestro” y “Crónica de una muerte anunciada).
-- E-NERO. ¿Por qué razón el supuesto valor nominativo de su billete es de “100” y no de 50 mil pesos, como el oficial?
-- H.V.A. Es que el mío no tiene un valor en pesos, ¡lo tiene en años!...
-- E-NERO, ¿Cómo es eso?. Explíquelo, por favor.
-- H.V.A. Eso: su precio está cifrado en años, en años de soledad... en ¡Cien años de soledad!
-- E-NERO, ¿Quién copio a quién? (Pregunta un tanto grosera, pero que me veo en la obligación de formular).
- H.V.A. Reitero, los míos no son billetes. Aunque hoy aparezcan recién rediseñados (léase mejorados, actualizados) ellos, como ya te lo dije, al menos su idea, son más antiguos, más viejos ...
“Te explico: En el primero, en el que aparece el tren, fue inspirado por las imágenes que mostraron las televisiones de medio mundo al dar cuenta del regreso de Gabo, en 2007, a su tierra natal, a Aracataca. Recuerda que lo hizo en tren. Gabo estuvo de vuelta en su pueblo con su familia, acompañados de una ruidosa delegación folclórica, justo cuando ya casi no existían trenes en Colombia. Como anécdota te cuento, que a la Cooperativa Nacional de Técnicos Ferroviarios le tocó recuperar y reconstruir la locomotora y tres de tres vagones. Lo hizo pensando en el acontecimiento. Lo más simpático, según me contaron, fue que el conjunto, máquina y vagones, debió ser transportado inicialmente en camiones desde los talleres de Bello (Departamento de Antioquia) hasta Santa Marta, en el Caribe, en donde estaba previsto que la comitiva iba a comenzar el itinerario con destino a Aracataca, Una ruta de más de 3 horas y media de duración...
-- E-NERO ¿Y, entonces cuál es la historia del segundo de sus billetes, en el que desaparece el tren y usted retrata un barco..?
-- H.V.A. Igual, el barco tiene historia y vida propias. Lo dibujé tal como se me ocurrió, leyendo los originales de la “Crónica de una muerte anunciada” que Gabo y sus editores me dejaron en su momento para ilustrarla. por allá entre 1980 ó 1981. Muchos años después lo volvería a ver (al barco), humeante, silbando, navegando por el Río Magdalena, en las versiones cinematográficas de la “Crónica...”, de su amigo el director italiano Francesco Rossi y en “El amor en los tiempos del cólera” de Mike Newell.
-- E-NERO. ¿Quizás el nombre del banco emisor de sus billetes (Banco Central de Macondo) es otra clave en su homenaje gráfico a Gabo, ¿No?
--H.V.A. Lo del nombre del banco es una cosa obvia... Piensa que si los billetes son reminiscencias de “Cien años de soledad”, era lógico que mis dos obras no podrían tener otros orígenes. Me pareció más coherente que los pariera el Banco de Macondo y no el Estado Colombiano, desde luego...
--E-NERO. ¿Cuál es el significado del número código 19272014 que aparece en negrillas, debajo del nombre del banco?
--H.V.A. Es el número mágico que engloba la biografía de Gabo: “1927” año de su nacimiento y “2014” su deceso. Pero hay más. Si te das cuenta, y en eso si que coincidimos con la versión de Casa de la Moneda del Banco de la República: la aureola hecha por formaciones de mariposas amarillas que rodean la cabeza de Gabo. Ten la seguridad que si no las hubiera ni en el billete de 50 mil pesos, ni en los míos, tampoco hubiera Gabos, ni los “Cien años de Soledad” en Colombia, ni en el resto del mundo!.